Veinticinco años creando belleza con el sonido y el silencio

José Manuel Cabra de Luna, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo (Málaga)
5 de noviembre de 2015

A propósito del aniversario de la Orquesta Filarmónica de Málaga

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Esa es la música. El fruto de la convivencia, de la sabia mezcla, entre sonido y silencio. Sin éste, aquel deviene en mero ruido. Algo así  ocurre con  algunas esculturas, que anhelan crear nuevos espacios en el  hueco interior de los sólidos  que generan y así, también, sucede con el dibujo en el que la imagen total se conforma por la relación entre la línea  y lo blanco del papel. Se diría que, detrás de todo ello, existe una compleja búsqueda entre el hacer del hombre y la nada, hasta convertirla en nada llena, por haberse transformado en una nada creadora, dadora de vida, que da sentido al silencio transformándolo en materia de música.

Y  es que la música es una de las bellas artes y, como todas las artes, un producto de la inteligencia humana. Una muestra del genio y sofisticación de nuestra especie. El arco temporal que, atravesando la inmensa noche humana, va desde la generación artificial de los primeros sonidos en el mundo primitivo, ya fuera soplando una caracola a orillas del mar o golpeando con un palo un tronco hueco, hasta la compleja música contemporánea, es también el de una evolución cognitiva de la que resultan no sólo la armonía y el contrapunto, sino también el catálogo de instrumentos que hoy conocemos y las distintas formas en que éstos son combinados. La sensibilidad del espíritu que anima las ideas musicales y los saberes técnicos que permiten su realización son una y la misma cosa, del mismo modo que las distintas técnicas determinan los resultados plásticos.

Así, la orquesta es también un logro de la inteligencia. Nada en ella obedece al capricho o la arbitrariedad. Desde la austeridad de medios de sus primeras configuraciones hasta alcanzar las dimensiones contemporáneas, tras las sucesivas ampliaciones operadas, entre otros, por Haydn, Beethoven, Wagner o Mahler, los conjuntos sinfónicos han respondido al espíritu de los tiempo y a la ambición creadora de los hombres.

Pero hoy día una orquesta es, además, un logro colectivo. La creación y mantenimiento de una orquesta estable es signo de las aspiraciones culturales de una sociedad y de su capacidad para cultivar y apreciar las bellas artes; tanto más si son las instituciones pública, representativas del sentir ciudadano y administradoras del presupuesto común, quienes están tras un proyecto de este calado. Ciertamente, puede atribuirse la idea o el primer impulso a una persona o grupo de personas determinado, pero la continuidad y consolidación del mismo no son posibles sin el deseo y la firme determinación de que así sea por parte de todos.

La Orquesta Filarmónica de Málaga cumple veinticinco años. Veinticinco años en los que ha sido el eje vertebrador de la actividad musical de nuestra ciudad, que, en sus momentos de mayor gloria, llegó a incluir, junto a la temporada regular de conciertos, el Ciclo de Música Contemporánea y el Festival de Música Antigua. En este cuarto de siglo, bajo la impronta personal de los distintos directores titulares, así como de una extensa nómina de directores y solistas invitados, la OFM ha hecho posible que Málaga disfrute del repertorio universal de la música clásica, acervo irrenunciable de toda sociedad culta. Un logro, pues, de y para los malagueños.