La hacienda y la cultura deben ir siempre de la mano

Enrique Benítez Palma, exdelegado de Economía y Hacienda de la Junta de Andalucía, en Málaga
26 de octubre de 2015

20151026.Emilo LehmbergAllá por el año 2007 quien esto escribe estaba de Delegado de Economía y Hacienda de la Junta de Andalucía y dio la casualidad de que se cumplían diez años del traslado a su nueva sede, en la calle Compositor Lehmberg Ruiz. Surgió la idea de organizar algunos actos en torno a ese cumpleaños y, por supuesto, la dirección tenía su importancia. Hablé con don Manuel del Campo, amigo de mi familia y toda una autoridad competente, y justo frente a la homenajeada sede, en el desconocido salón de actos de la Cámara de la Propiedad Agraria, metimos un piano y ofrecimos un concierto con obras de Lehmberg al que fueron invitados todos los vecinos, comerciantes y profesionales de la calle que nos acogía.

Don Manuel del Campo me comentó, además, que la Orquesta Filarmónica de Málaga andaba grabando un CD con obras de nuestro ilustre paisano, Emilio Lehmberg Ruiz, hijo de un marino de la fragata Gneisenau, hundida en diciembre de 1900 frente a las costas de Málaga por un fortísimo temporal, y de la hija de unos vecinos de la calle Victoria, donde fue alojado intacto el rescatado marino alemán. Una bonita historia, aunque más tarde los padres acabaran separándose. Así que cogí el teléfono de nuevo para llamar a mi viejo y buen amigo Juan Carlos Ramírez –gerente de la OFM- y proponerle algún tipo de vaga y difusa colaboración. La hacienda y la cultura deben ir siempre de la mano, al menos así lo entiendo.

El CD finalmente vio la luz. Y además, gracias a Juan Carlos, tuvimos el gran honor de acoger en la sala de juntas de la propia Delegación Provincial una audición guiada del mismo. Y no fue poca cosa: nuestro arúspice musical fue nada menos que el gran José Luis Temes, Premio Nacional de Música, un auténtico sabio que trabajaba en el rescate de partituras olvidadas de autores españoles muy poco conocidos.

Así que mi vínculo que la OFM es muy emocional. Hay que alabar ese rescate de la obra de un compositor malagueño del que apenas se sabe que tiene una céntrica calle en Málaga, y por supuesto su propia existencia, volcada en la difusión de la música en escenarios poco habituales, para un público necesitado de su eterna y bondadosa predisposición.